España saca sus joyas a relucir (53-68)

¡A semifinales! España le ha cogido gusto a codearse con la élite del baloncesto mundial y ganó a Canadá por 53-68 para volver a luchar por medalla. Lo consiguió gracias a un parcial 0-19 en un último cuarto para grabar y verlo una y mil veces. España pasó de perder 50-47 a ganar 51-66 en ocho minutos que son gloria bendita.

(Foto FEB)

En la rueda de prensa posterior al partido de Senegal, Lucas Mondelo habló del peso que cargaba España en esta Copa del Mundo. No hablaba de la responsabilidad de ser la selección anfitriona, sino del peso histórico de sus recientes triunfos. Habló de las joyas de España que lucen... pero también pesan. Una carga que se acrecentó con las dudas que instaló Bélgica y agitó Senegal. Y, sin embargo, las joyas deslumbraron a Canadá.

El partido arrancó con las americanas poniendo en práctica una defensa cerrada confiando en el desacierto exterior de España y eso le bastó para adueñarse en lo físico (el marcador) y en lo emocional del encuentro. Dos esferas que tienen vasos comunicantes porque algo tendrían que ver los nervios con el 1/10 con el que empezó el equipo español.

Durante las semanas previas al torneo el selecciónador también dijo que todo equipo versa alrededor de ocho o nueve jugadoras, patas dijo. Pero España se empeñó en llevarle la contraria y la segunda unidad cambió la cara al encuentro en el segundo cuarto. España llegó a disfrutar de cinco puntos de ventaja antes de que Canadá llamara a filas a las suyas, volvieran las titulares y se apretara el marcador. Con todo, la sucesión de hechos no era mala porque las americanas se cargaron de faltas por el excesivo ímpetu con el que iban a cada balón y la Selección fue sumando puntito a puntito para llegar al descanso con una mínima renta que parecía un tesoro.

Pocos entrenadores tendrían el valor de, en unos cuartos de final, quitar a dos titulares en el descanso, pero es que ya por entonces Cris Ouviña (nueve puntos y tres asistencias) y Queralt Casas eran las más activas en defensa... sobre todo la escolta catalana. Lo de Queralt fue digno de mención porque lanzó al equipo anímicamente en los minutos finales del tercer cuarto con defensa y dos entradas a canasta a tumba muerta. Entraron (maravillosa la segunda con falta incluida) y España soltó lastre. Todos los nervios, todos los fantasmas… todo se fue cuando Marta Xargay anotó un triple. Su rabia era la de un pabellón. Hasta entonces España llevaba 3/16 en triples pero encadenó dos y, con un brutal parcial final de 1-21, voló a las semifinales por tercera vez consecutiva. Bendita costumbre.

(Foto FIBA)

Nunca caminarán solas

La promesa de redención española la comenzó a interpretar Alba Torrens. Su triple inaugural sólo era una canasta dentro de un inicio espeso por ambos equipos, pero la intensidad defensiva que mostró el equipo era diferente. Se peleó el rebote frente al mejor del torneo en esta faceta y en los desajustes defensivos siempre llegaba una ayuda para aliviar el problema. Enfrente, Canadá buscó y buscó a Kia Nurse y, cuando la encontró, la escolta recordó quién era el favorito en el partido.

Que Nurse absorbiera muchos tiros era lo previsible, pero menos fue ver la efectividad de Shay Colley cara el aro. La canadiense anotó sus tres primeros lanzamientos para permitir la primera ventaja significativa a su equipo (14-6). Para España el triple inicial se había convertido en un triste espejismo ya que acumulaba por entonces un escaso 2/12 en tiros de campo. El primer calentón del partido lo frenaron Lucas Mondelo con un tiempo muerto y Queralt Casas liderando un parcial 0-6 con el que el marcador se equilibró.

Cris Ouviña le acompañó en el toque de corneta y España repitió parcial de 0-10 en el inicio de segundo cuarto para recuperar el control del marcador 10 minutos después de que lo hiciera por primera vez (18-23). España, además, había encontrado los puntos interiores con Astou Ndour(16 puntos). Todo era idílico salvo una cosa… el triple a tablero que anotó Kim Gaucher y que silenció el pabellón.

Como se dice ahora, fue una cortarollos porque a partir de entonces Kia Nurse volvió a la acción y el encuentro se enmarañó favoreciendo a una Canadá que alcanzó el descanso metida en el partido pero cargada de faltas. Era el peaje a una agresividad que le ayudó a martirizar al rival con rebotes ofensivos. Si España quería un partido igualado y de desgaste, esta era una buena noticia.

(Foto FIBA)

¿Matar o morir? Matar 

Con la sorpresa de ver en el quinteto titular a Ouviña y Queralt Casas, España salió con energías renovadas al encuentro. Especialmente activa se mostró la escolta catalana elevando el nivel defensivo con dos recuperaciones que retroalimentaron la confianza de un equipo que empezó a asentarse en el marcador. Nunca con diferencias significativas, pero es que a esas alturas de partido lo único significativo era el nivel de tensión.

Cada punto era como bajar a la mina para picar piedra por la dureza que ello implicaba. Por el contrario, Canadá encontró un filón en Achonwa quien sumó seis puntos seguidos. Sin duda que eso fue un problema, porque las ideas en Canadá no fluían como al principio y sólo el rebote defensivo, Nurse eran vías de anotación claras … suficiente para volver a ponerse por delante (48-44).

Se vivía un cambio de agujas de las emociones y Canadá se beneficiaba del mal momento de España. Muy nerviosa encadenó malos pases, pero le salvó que en uno de ellos Achonwa agarró a Nicholls y le señalaron antideportiva. La suma de tiros libres con que se saldó la jugada volvió a meter en el encuentro a España, mientras Canadá se veía con cuatro titulares (sólo se salvaba Nurse) con tres faltas personales. Sin embargo, la excelencia defensiva de la primera parte no tuvo continuidad en el tercer cuarto y, si en 20 minutos Canadá sumó 27 puntos, en 10 minutos sumó 23 para darle la vuelta al marcador y entrar en el último cuarto con tres puntos de ventaja. 

El partido entró en los últimos 10 minutos con todo por decidir. Era el todo o nada. Como dijo Laia Palau el día previo “matar o morir” y España mató. Lo hizo con un parcial inicial de 0-9 en el que Queralt se doctoró (13 puntos, tres asistencias y tres robos). Dos kamikazes penetraciones (sólo le faltó la cinta con el kanji en la cabeza) fueron un subidón anímico que tuvo reflejo en el marcador (50-56). Era la máxima ventaja del encuentro… en el mejor momento, a siete del final. Por entonces, Canadá recordó que en 2014 y 2016 cayó en cuartos y entró en colapso ofensivo quedándose sin anotar nueve minutos. Cuando lo hizo dos triples de Marta Xargay y Cris Ouviña habían marcado la diferencia en el encuentro.

Fue una noche para volver gozar con un equipo que, otro verano más, no ha fallado. Quien no crea en él está en su derecho (este año dieron algún que otro motivo), pero es una lástima porque se queda con lo malo. Lo bueno es mucho más y sirve, por ejemplo, para volver a unas semifinales de Copa del Mundo.

Por cierto, al final se equivocó Laia Palau cuando en la previa respondió en entrevista a El Paisque ella no hacía cosas importantes. Este sábado mucha gente que hace cosas importantes en España despertará feliz porque ella y sus compañeras metieron muchas canastitas.

YO SOY EL SEXTO HOMBRE